“Pero me pueden lastimar”

MiedoUn dilema muy escuchado y conocido en nuestras vidas : ¿Prefieres evitar el sufrimiento o vivir? Porque en el fondo cuando dejamos que las heridas decidan por nosotros estamos decidiendo evitar la conexión humana, aislarnos y cerrarnos en una coraza protectora. Y en el fondo cuando hacemos esto, dejamos de vivir, dejamos de relacionarnos, dejamos de abrir el corazón, dejamos de honrar nuestra condición humana.

Cuando leí hoy el cuento que a continuación te comparto, debo confesar que vinieron a mi memoria muchas experiencias con amigos, parejas, familiares, que me han dejado secuelas en mi corazón. Y me pregunto ¿quién no tiene secuelas? Yo te confieso que más de una vez lo he dado todo por alguien, al punto de perder mi límite, mi amor hacia mi misma y hasta el punto tal de llegar a la conclusión de decir “no necesito a nadie!”

Y ahora me pregunto, ¿estas relaciones pasadas seguirán siendo más importantes que las posibles relaciones y conexiones humanas que puedo crear a futuro? Sé que me aterra el sufrir, el perder, el ser engañada… ¿a quién no?. Pero ahora me parece más aterrador dejar de vivir todas esas conexiones humanas que me estoy perdiendo por “cuidarme”. ¿Realmente me estoy cuidando o estoy evitando el posible sufrimiento ? Y hoy me digo a mi misma que llegó la hora de recuperarme y volver a intentarlo, volver a dar un espacio a esas relaciones que he aparcado o incluso a las que están por llegar. ¿Tú que quieres?  En el fondo es una decisión que siempre esta presente, disponible. Tu escoges.

Comparto un cuento para la reflexión sobre le tema.

El desafío del rey a sus tres hijos

Un gran rey tenía tres hijos, y quería elegir a uno de ellos para que fuera su sucesor. Era muy difícil porque los tres eran muy inteligentes, muy valientes. ¿Cuál escoger? Entonces preguntó a un gran sabio, y el sabio le sugirió una idea….

El rey volvió al palacio y reunió a sus tres hijos. Dio a cada uno de ellos una bolsa de semillas de flores y les dijo que se iba a hacer una peregrinación:

– Tardaré unos años; uno, dos, tres, o quizá más. Y esto es una especie de prueba para vosotros. Me tendréis que devolver las semillas cuando regrese. Quien las proteja mejor, será mi sucesor.

Y salió a hacer su peregrinación. El primer hijo las encerró en un cofre de hierro porque tenía que devolvérselas a su padre tal cual estaban.

El segundo hijo pensó: <“Si dejo las semillas encerradas como ha hecho mi hermano, se morirán. Y no puede decirse que una semilla muerta sea semilla en absoluto. Mi padre podría decir: “Yo te he dejado las semillas vivas, que podían crecer, pero éstas están muertas; no pueden crecer”>. Por eso fue al mercado, vendió las semillas y se quedó el dinero. Y pensó: <Cuando mi padre regrese, volveré al mercado, compraré semillas nuevas y se las daré; serán mejores que las que él me dio a mí. >

Pero el tercero fue el que mejor lo hizo. Fue al jardín y esparció las semillas por todas partes. Después de tres años. Cuando el padre volvió, el primer hijo abrió su cofre. Todas las semillas estaban muertas y olían mal. Y el padre dijo:

–      ¡Qué! ¿Son estas las semillas que yo te di? Aquellas podían crecer y dar flores de delicado perfume, y éstas apestan. ¡Estas no son mis semillas!

Fue al segundo hijo. Este corrió al mercado, compró semillas, volvió a casa y dijo:

–      Estas son las semillas.

–      Lo has hecho mejor que tu hermano mayor- dijo el padre-, pero no eres tan capaz como me gustaría.

El rey fue a su tercer hijo. Con gran esperanza y miedo en su corazón le dijo:

–      ¿Qué has hecho?

Y el tercer hijo le llevó al jardín, donde pudo ver millones de plantas florecientes, millones de flores por doquier. Y el hijo dijo:

–      Estas son las semillas que me diste. Pronto recogeré las semillas y te las devolveré. Ya están casi listas para la recolección.

–      Eres mi sucesor- dijo el padre; esto es lo que hay que hacer con las semillas.

Recuerda, la semilla nunca corre peligro. ¿Qué peligros podrían afectar a la semilla? Está absolutamente protegida. Pero la planta siempre corre peligro; la planta es my delicada. La semilla es como una piedra, dura, oculta tras una cáscara. Pero la planta tiene que soportar mil y un peligros. Y no todas las plantas alcanzarán la altura necesaria para florecer, para dar mil y una flores….Son pocos los seres humanos que llegan al segundo estadio, y muy pocos de los que alcanzan el segundo estadio llegan al tercero, el del florecimiento.

¿Porqué no pueden alcanzar ese tercer estadio, ese estadio de dar flores? A causa de la avaricia, a causa de la mezquindad, no quieren compartir….; a causa de un estado de desamor.

Hace falta coraje para convertirse en planta y hace falta amor para convertirse en flor. Una flor indica que el árbol esta abriendo su corazón, soltando su perfume, dando su alma, derramando su ser sobre la existencia. No te quedes en la semilla. Reúne coraje, coraje para dejar al ego, coraje para abandonar las seguridades, coraje para dejar caer las certezas, coraje para ser vulnerable.

¿Qué semilla quieres plantar? Nunca es tarde para volver a empezar y florecer. No dejes que las heridas decidan por ti. Sino que el deseo despierte tu coraje para dar un primer paso.

JIRO

 

Fuente: Cuento de Osho

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